La Cultura del Envase: Reflexiones | El Caldero de Gaia
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Consumo-Cultura del envase

La Cultura del Envase: Reflexiones

Estamos en plena cultura del envase. El contrato de matrimonio importa más que el amor, el funeral más que el muerto, la ropa más que el cuerpo y la misa más que Dios

Eduardo Galeano

Esta es una cita que define perfectamente nuestra cultura en el siglo XXI, y que es el reflejo de una sociedad materialista y hedonista, basada en el individualismo, carente de solidez, todo es temporal e inestable, todo lo que tenemos es cambiante y con fecha de caducidad, incluyendo el amor, ésta es, la era de la vida líquida de la cual nos habló Zygmunt Bauman.

Ciertamente vivimos una época en donde el consumismo se ha coronado como el rey y el hombre es su súbdito; es un mundo en donde el individuo dejó de Ser Humano para convertirse en objeto, el cual es cínicamente utilizado y explotado a conveniencia.

Una cultura de estereotipos que idolatra, regida por la creación en serie que odia y discrimina todo aquello que se desfasa de la “normalidad” ya que la simple idea de diversidad corrompe su falsa utopía de la sociedad “perfecta”.

Una cultura violenta y tirana que aboga por el débil pero que al mismo tiempo lo somete; y más aún, a pesar de ello, todavía lo culpabiliza de su propia debilidad. Una cultura que fragmenta al ser humano, que lo rompe y lo corrompe convirtiéndolo en un ente maleable, sin voluntad y carente de voz, que lo va desdibujando lentamente hasta hacerlo desaparecer…

“Ésa es la materia de la que están hechos los sueños, y los cuentos de hadas, de una sociedad de consumidores: transformarse en un producto deseable y deseado”.
Zygmunt Bauman

Una cultura insaciable, que devora todo lo que está a su paso, que nos va consumiendo silenciosamente mientras nosotros enajenados apenas nos percatamos de ello, una sociedad que se autocomplace compulsivamente, insensible al dolor del otro, una sociedad en dónde todo está permitido pero al mismo tiempo todo está prohibido, contradictoria, controladora y absolutamente depredadora.

“Los niños pobres son los que más sufren la contradicción entre una cultura que manda a consumir y una realidad que lo prohíbe”.
Eduardo Galeano

Estamos inmersos en la cultura del envase, donde nada es real, donde todo es un espejismo “Vivimos en la era de la mentira” como dice José Saramago, una época donde las apariencias y la hipocresía son fundamentales si se quiere “encajar” en esta sociedad.

Nos hallamos en una situación en la que de modo constante, se nos incentiva y predispone a actuar de manera egocéntrica y materialista, dónde el exceso y desecho es lo habitual. Alienados por el vicio de tener se nos ha olvidado el SER, hemos sido arrastrados al vacío sinsentido existencial que sólo es (im)posible “llenarlo” con más cosas…

“Lo más característico de la vida moderna no era su crueldad ni su inseguridad, sino sencillamente su vaciedad, su absoluta falta de contenido”
George Orwell

Hoy en día el vacío existencial se ha convertido en un claro síntoma de pertenencia a esta sociedad, y es que  “lo esencial” ha sido desplazado a un segundo plano. Y es que pareciera que solamente poseyendo es que la cultura valida al individuo, en otras palabras… Tengo, luego existo…

El hiperconsumo nos consume, juega con el deseo del invididuo y lo vuelve a su favor; crea la fantasía de que a través de lo que ofrece se alcanza la felicidad, esa es la verdadera trampa del consumismo, ya que su engaño radica en persuadir a la individuo hacia la persecución continua de este objetivo escurridizo, y por tanto, sólo pueden mantenerse “felices” aquellos corredores que la persiguen.

La cultura líquida también ha dado lugar a las relaciones líquidas, o viceversa,  no obstante, hoy en día las relaciones interpersonales también son objeto de mercantilización e inversión, en donde el amor es una mercancía más, es un préstamo hipotecario a cuenta de un futuro que además es incierto.

“La cultura líquida moderna ya no siente que es una cultura de aprendizaje y acumulación, como las culturas registradas en los informes de historiadores y etnógrafos. A cambio,se nos aparece como una cultura del desapego, de la discontinuidad y del olvido”
Zygmunt Bauman

Dicho todo lo anterior, es imprescindible reinterpretar los significados que hemos ido atribuyendo a todo aquello que nos rodea, lo materia, lo personal y lo espiritual. Devolver la mirada y llevarla del exterior al interior, recuperar y valorar nuestra propia esencia como Seres Humanos con todas las cualidades y defectos que poseemos y que nos hacen únicos e irrepetibles.

Este es, el único camino del que se sabe que es posible alcanzar la auténtica felicidad, o bien, lo más cercano a esa idea preconcebida.

 

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